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El libro leído

Los padres de Manuel habían descubierto en su hijo, que le interesaba la lectura desde muy temprana edad. Había una amplia biblioteca en la casa, heredada de la familia y se la pasaba horas desde pequeño, dando vuelta y vuelta las páginas, deteniéndose a veces donde había algún dibujo o fotografía y continuaba hojeando.

Sus padres lo estimulaban leyéndole alternadamente todas las noches un cuento y además iban comprándole algún que otro libro o cuento de acuerdo a su edad y capacidad. La voracidad y exigencia de Manuel se volvió cada vez mayor, tanto que le demando usar lentes desde los cinco años. Igual continuo su ritmo de lectura por si mismo mas la que le proporcionaban sus padres y así continuó hasta su adolescencia.

Como se pasaba muchas horas dentro de la casa o en la Biblioteca Nacional, ya que vivían a solo dos cuadras en Gaboto y Colonia, Manuel no tenia demasiado contacto con el mundo exterior, los deportes o los amigos no estaban entre sus prioridades. Ana es Ingeniera Informática y trabaja en el Banco de Seguros y Jorge tiene dos trabajos, de mañana tiene con un socio un reparto de quesos y lácteos y de tarde trabaja en el Banco Santander como administrativo, ellos, los padres de Manuel, siempre atentos a los requerimientos y necesidades de su hijo, percibieron su escaso contacto social y a pesar del enojo de su hijo, lo inscribieron en la Asociación Cristiana de Jóvenes, para complementar tres días a la semana, una clase de gimnasia y otra de natación. Ana lo llevaba y Jorge lo iba a buscar.

Paso todo un semestre así, Ana y Jorge con constancia lo llevaban al Club y continuaban estimulándolo a la lectura, el mundo de Manuel, ese mundo donde encontraba tanta seguridad, alimentando y fortaleciendo su imaginación. Por aquel entonces ya se estaban comercializando las computadoras familiares y Ana, informada del tema, hablo con Jorge para incorporar una en la casa, creyendo así que podría satisfacer la voracidad de Manuel y aliviar un poco la demanda de sus padres, lo cual a veces era agotadora. También empezaban a circular los mails a trabes de Internet.

Manuel ya empezando el Liceo, encajo perfectamente con la computadora y ese mundo virtual, dominaba las técnicas de su uso, pero este nuevo integrante de la familia hizo que se aislara aun mas de todo y de todos. Tenía una buena actuación en el Varela y estaba obligadamente disciplinado deportivamente en el Club, pero no lograba encajar del todo con amigos o con salidas, Estaba claro que su mundo era la lectura e incorporando la computadora e Internet, no se movía fuera de casa, exceptuando esos dos sitios.

Un día, estando en el Club, donde ya nadie lo llevaba y nadie lo recogía, Manuel tuvo la ocurrencia de ir a ver un partido de frontón, faltando así a la clase de gimnasia de ese lunes.
En pleno partido y entretenido por la velocidad del juego, Manuel no se percato que estaba muy mal ubicado y en una zona prohibida. No pasaron ni quince minutos, que recibe un pelotazo en el medio de la cara, partiéndole los lentes y con un sangrado importante, llamaron a emergencias, después a sus padres. Manuel apareció así en el Casmu de Arenal Grande.

Ana y Jorge aguardaban impacientes, en la sala de espera del Casmu, hablando del porque Manuel estaba mirando ese partido y no en la clase de gimnasia. De pronto una hora mas tarde salio el medico, preguntando por los familiares del chico que había llegado de la Asociación Cristiana.

La cara del medico no era de las mejores.

– como esta mi hijo?, pregunto Ana
– si, por favor, como esta? dijo Jorge
– Su hijo esta bien, estable, el problema que me preocupa es su vista. Partículas de vidrios dañaron las corneas de sus ojos severamente, hemos llamado a un especialista. Esta por llegar.
– Severamente? pregunto Ana
– Si muy severamente, dijo el medico, esperemos por favor al especialista para que lo determine mejor.
– Pero doctor… dijo Jorge
– Perdonen, esperemos al oculista, de momento no les puedo decir más y tengo otros casos urgentes que debo tratar.
Pueden pasar a verlo, pero no lo exijan, esta desconsolado con las vendas en sus ojos, repite a cada rato algo que no entendí, que hace rato que no lee nada.
Entraron, lo abrazaron y trataron de distraerlo hablándole como si nada grave ocurriera. Manuel estaba muy irritado, solo se refería a sus vendas y que cuando se las quitarían.

Paso unos cuarenta y cinco minutos y entro el medico oculista, venia con una gran valija y solicito a Ana y Jorge que aguardaran afuera.
– como te llamas, le pregunto el Dr. Di Carlo
– Manuel, que tengo doctor?
– Y como fue que te sucedió esto?
– Miraba un partido de frontón y recibí un pelotazo, que tengo?
– Déjame quitarte las vendas y mirar un poco
Tengo un equipo sofisticado en mi maletín y solo te observare.
No te muevas.

Ana y Jorge aguardaban otra vez en la sala, cuando vieron salir al oculista. Saltaron al unísono de los bancos.

– que tiene Manuel doctor?

– El Dr. Di Carlo se tomo unos segundos, Manuel tiene un daño muy serio en su vista, el pelotazo ha sido tan fuerte que tiene desprendimientos de retina en ambos ojos, daños severos en las corneas, seriamente dañados sus nervios y músculos por varios cortes de los vidrios de sus lentes. Si bien su ojo derecho ha perdido la visión en un 85% y su ojo izquierdo en un 70%, se puede adelantar que actualmente esta ciego.
– Qué? dijo Jorge
No puede ser, sus ojos son su vida, no le puede pasar eso a Manuel.
Ana se dejo caer en el asiento y lloraba desconsoladamente.
– Lo que tenemos que determinar pasadas las primeras cuarenta y ocho horas, es saber si será permanente o puede existir alguna posibilidad de recuperación parcial de su vista, actualmente sus nervios y músculos se encuentran aumentados por recibir tremendo golpe y hay que esperar que bajen los hematomas.
– Pero debe haber algo Doctor, por favor haga algo, dijo Jorge.
– sugiero esperemos estas cuarenta y ocho horas y tendremos un panorama mas cierto.
Y así el Dr. Di Carlo, despidiéndose, se retiro de la sala
Jorge se sentó abrazando a Ana, que solo atinaba a decir y decir, no puede ser, no puede ser, porque Jorge, porque…

Fue pasando así el resto de ese lunes, el martes y el miércoles.
Pasado el plazo estipulado, el jueves de mañana, el Dr. Di Carlo apareció con su valija, estuvo un buen rato con Manuel y salio una hora mas tarde para encontrarse por segunda vez en esa sala, con Ana y Jorge que estaban pegados al banco.

– y Doctor, como esta Manuel? pregunto esta vez Ana
– si bien las hematomas se han reducido llevando los músculos casi a un estado normal, los porcentajes de perdida de visión no se han alterado en los ojos de Manuel, esta confirmada su ceguera a nivel medico. Este dictamen en el correr de los días podría ir mejorando pero no empeorando, de momento no había mas nada para hacer, el diagnostico es contundente y habría que prepararse para no esperar demasiados cambios.

Les adelanto también la necesidad de darle un apoyo psicológico a Manuel y Uds. traten de reunir toda la información posible acerca de una incapacidad como la ceguera y sobre todo cuando esta aparece de improviso en la vida de una persona, esto los ayudaría a todos.
Me gustaría ver a Manuel en treinta días.

Ana, Jorge, Manuel y su nueva condición de ciego, marcharon así los cuatro a su casa en el Cordón, sin realizar aun lo que había sucedido y como conducirse ante esta nueva y difícil situación.
Ana había pedido licencia por unos días hasta saber que hacer y estar con Manuel. Jorge se fue a trabajar muy preocupado.
Y así comenzó una nueva vida para todos.

Manuel se la pasaba quejando permanentemente y Ana no encontraba tregua en aquellos primeros días, solo cuando el se dormía, Ana tenia algo de tiempo para pensar en si misma, pero no era fácil, en esos lapsos de tiempo Ana encendía la computadora para encontrar información.

Jorge retomo sus dos trabajos lo cual lo mantenía ocupado y solo de noche lidiaba con ese panorama, con paciencia y liberando axial a Ana, le leía cada noche a un Manuel cada vez mas quejoso y exigente.
Ana había solicitado extender su licencia en el BSE, para cuidar y dedicarse a recabar información ante la situación de Manuel.

Una vez que Manuel se dormía, Jorge regresaba a su cuarto para encontrarse con una Ana dormida vestida y rendida. El la ayudaba a quitarse la ropa y a meterla en la cama. Pensó en ese momento como había cambiado todo, la familia estaba dispersa.
Así estaban las cosas en esos días.
Los días eran monótonos y la vida cotidiana muy difícil.

Al igual que un mejillón a una roca, la condición de ciego se le había pegado a Manuel.
El apenas hablaba, recluido en sus pensamientos y quejoso de la vida.
Ana en la diaria con ese panorama lidiando como podía con el día a día y Jorge regresando a casa, lidiaba noche a noche, hasta que se cumplieron los treinta días que el Dr. Di Carlo les pidió se cumplieran.

Al otro día temprano, partieron los cuatro hacia el Casmu.
– buenos días, dijo el Dr
– que tal Dr, dijo Ana
Jorge lo saludo estrechando las manos.
Manuel saluda al Dr.
– hola, a secas dijo Manuel
– a ver Manuel, sentater, ahí por favor
– ahí donde? No veo Dr, no veo
– yo te dirijo, sentate acá y trata de mantenerte quieto, te revisaré.
A ver, a ver…

Mientras Jorge agarraba la mano de Ana
Unos 10 minutos mas tarde cuando el Dr. termino de chequearlo, volvió a su silla, escribió unos cuantos datos en una ficha y dijo:
– bueno, la situación es la siguiente, hace treinta días Manuel tenia una perdida en su visión de un 85% y actualmente es del 70%, esto se debe a la reducción de los hematomas y la estabilización y descanso de la vista y no significa que siga aumentando en forma positiva su nivel de visión.
– Pero Dr., no hay algo que se pueda hacer?
– No acá, no existen ni los aparatos ni una técnica tan sofisticada.
Hay adelantos significativos en Estados Unidos y en Cuba sobre el tema, pero demandaría mucho gasto e igual habría que esperar a que Manuel tuviera entre 20 a 22 años, edad en que se estabilizaría su crecimiento y así su operación tendría un porcentaje de acierto más efectivo.
– Ahora el tiene 14 o 15?
– 14 Dr., solo 14, dijo Ana
– No hay nada más que se pueda hacer Dr.? pregunto Jorge
– No de momento, lo siento
Lo mejor seria que asimilaran este golpe y encararan este gran cambio que se les viene a partir de ahora.

Y con ese panorama, ahora si, volvieron los tres a su casa, la ceguera de Manuel ya estaba instalada en su vida.
Consiguieron a Sofía, una mujer que vivía cerca para que cubriera las tardes junto a Manuel y que además siendo una maestra retirada intentaría ayudar a Manuel con sus demandas y ver que sucedería con su año escolar ya que se había interrumpido, Ana cambio su horario para estar las mañana con el y Jorge continuo como siempre con sus dos trabajos.

Manuel estaba periódicamente insoportable, sobre todo por las mañanas, desquitándose con Ana, ella ya no sabia que hacer y cuando Manuel se lo permitía, ella iba a la computadora e indagaba en Internet, sobre la deficiencia de su hijo y como lo podría ayudar.
Pasaron así los meses, entre consultas con un psicólogo los días miércoles y un fisiatra recomendado que lo estimularía con su cuerpo y sus ojos.

Ana aprovechaba estos momentos para investigar e investigar, se le fue formando una idea, pero no era su área y le pidió ayuda a un compañero del BSE que estaba mas en el tema de las aplicaciones, mientras Internet iba avanzando y Manuel estaba en plena regresión.

Pasaron unos meses, para que Diego, su compañero del BSE, también Ingeniero Informático que en sus ratos libres ayudaba a Ana, pudiera interpretar y lograr armar algo para ayudar a Manuel.
Ana había trabajado en la idea inicial de lograr una aplicación que ayudara a Manuel para que la computadora le leyera cuando el quisiera, a la hora que el quisiera y cuanto quisiera. Era posible?
Crear una aplicación con nuevas funcionalidades de accesibilidad que permitirán un uso más sencillo entre ciegos y débiles visuales. Estas funcionalidades facilitarán al usuario la navegación en la biblioteca que también había que crear, la lectura, así como la interacción con los libros; para ello, sólo es necesario activar una función en la configuración de la computadora.

Era sencillo adivinar la emoción que provocaría en Manuel, que por si mismo y solo activando una sola tecla, la aplicación le leería todos los libros en voz alta que el quisiera.
No seria increíble?
Además, si lograban que esta aplicación funcionara, podrían ayudar a miles de personas ciegas o de baja visión como Manuel y no solo eso, también podría financiar su futura operación.´
Era muy grande lo que estaba en juego y no estaban lejos.
Ana y Diego, con constancia y dedicación, continuaron desarrollando su aplicación. Pudieron lograr algo menos profesional de momento, tipo casero le llamaban ellos, pero de momento la idea era ayudar a Manuel, el ya disponía de esa aplicación para que le leyera siempre que el quisiera, eso aplaco en parte las necesidades de Manuel, como el trabajo diario de Ana y Jorge. Sofía también estaba más aliviada y comenzaron a utilizar este sistema para su estudio y empezar a ponerse al día.
Ana y Diego continuaron desarrollando cada vez mas esta aplicación, la que llamaron “VoiceOver”, luego de 2 largos años de trabajo pudieron patentarlo como mejoramiento de una aplicación, comercializando satisfactoriamente este producto con la firma internacional Amazon, los cuales aplicaron con éxito esta novedad en el mercado para su afamado hoy día Kindle, un libro electrónico, imponiendo así un novedoso y útil producto en la vida del lector y ampliando con nuevas funcionalidades de accesibilidad que permitirán un uso más sencillo entre ciegos y débiles visuales.
Ana, Jorge y Manuel, ya estaban pensando en la futura y próxima operación, la cual ayudaría a Manuel a recuperar en parte su vista, y en ese proyecto basaron su vida diaria.

Armajans.wordpress.com                                                                                       2015.06.26